Práctica 4: ABP contra el individualismo

Niños de una escuelita rural en Cochoapa el Grande (Guerrero, México).

Una de las cosas en las que más he escuchado coincidir a mis profesores y profesoras durante los últimos meses de formación es que “todos sabemos diferenciar a un buen de un mal profesor, porque todos hemos tenido de los dos en nuestra vida de estudiante”. Efectivamente, puede que novatos y aspirantes docentes no sepan con exactitud en qué tipo de profesional de la educación quieren convertirse, sin embargo, casi cualquiera de ellos y ellas tiene una idea bastante clara de en lo que no quiere convertirse.

Ante los últimos cambios legislativos y la incorporación de los objetivos de la Agenda 2030, el eterno debate entre lo clásico y lo moderno ha vuelto a saltar a la palestra y adereza esta duda existencial, exigiendo al futuro profesorado que se moje y escoja: nuevas metodologías, tecnología y valores, o clases magistrales, transmisión de conocimientos y meritocracia “como siempre se ha hecho”.


El texto de la LOMLOE explica que las competencias son “conjuntos de conocimientos, destrezas y actitudes que todos los individuos necesitan para su realización personal, inclusión social, ciudadanía activa y empleabilidad en una sociedad basada en el conocimiento”. Esta definición marca claramente lo que busca este marco legislativo: formar individuos que sean competentes y se desarrollen con plenitud en nuestras sociedades europeas.

Parece, por lo tanto, que el objetivo final del sistema educativo sigue siendo el mismo que el de antaño: que el estudiantado se forme para lograr integrarse en el funcionamiento de nuestra forma de vida (lo que, en realidad, significa que se conviertan en miembros obedientes de las normas y valores de la misma). Que niños y adolescentes terminen por convertirse en ciudadanos pacíficos y productivos. ¿Qué es lo que con tanto chirrío cambia, entonces, y parece estar reñido con la forma tradicional de hacer las cosas?

Al establecer un sistema de aprendizaje por competencias, el profesorado tiene la libertad de escoger cualquier tipo de metodología. Y para atender las necesidades de las generaciones “nativas digitales” esto pasa, casi por obligación, porque el profesional docente escudriñe, prepare y testee tanto metodologías tradicionales como innovadoras. Si se busca el aprendizaje significativo del alumnado, el profesorado tiene la posibilidad de programar clases y actividades a la carta que sean capaces de conseguirlo. Eso sí; debe estar dispuesto a aprender y a dedicar esfuerzo, tiempo y trabajo para conseguirlo.

En el aula, un profesor o profesora debe seguir siendo una puerta a la curiosidad, la motivación y el entusiasmo para su alumnado. Las lecciones de aprendizaje son las verdaderas llaves para el aprendizaje significativo, por lo tanto, es imperativo mantener una apertura a la incorporación de nuevas formas y herramientas para transmitirlas.

En definitiva; seguramente no exista una única respuesta cuándo nos preguntamos cómo debe ser el (buen) profesorado de hoy. La experiencia de cada uno de los profesores y profesoras que he conocido en este último tiempo me ha dejado entrever aptitudes en común (la empatía, el apego por la ilusión, la paciencia...), pero también las diversas formas en la que cada persona afronta los retos del aula.

ABP

El Aprendizaje Basado en Proyectos es una nueva metodología de la educación comúnmente mencionada de forma peyorativa por docentes contrarios o críticos con la nueva legislación. “Trabajos en grupo, de toda la vida”. Sin embargo, por su naturaleza colaborativa y democrática, es uno de los instrumentos más adecuados para entrenar no solo un sinnúmero de competencias entrelazadas transversalmente, sino muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible enfocados en la creación de una ciudadanía crítica y participativa.

Esta metodología, que en esencia permite la libre contribución de conocimientos y puntos de vista, rompe con la propia dinámica intrínseca del sistema educativo: fortalecer el andamiaje social de un estado capitalista inmerso en las dinámicas del libre mercado. En otras palabras; el ABP refuerza el trabajo cooperativo en vez del individualismo, prioriza la creatividad frente a la competitividad, y pone en práctica la toma de decisiones de forma horizontal en vez de arriba hacia abajo.


Estas son las principales características por las que, de entrada, me parece una buena metodología a aplicar en el aula. Pero, además, esta forma de emprender una situación de aprendizaje con el estudiantado también se traduce en un crecimiento personal de cada alumno por la necesidad de toma de responsabilidades y compromisos, la generación de una tolerancia a la discrepancia y el desarrollo de habilidades comunicativas para la consecución de objetivos.